BOLETÍN DE LA FACULTAD DE MEDICINA – 2019 – N° 10

REPRESENTANTE DE LA FACULTAD DE MEDICINA DE LA UNAM DA DISCURSO DE ORDEN

en Edición N° 6/PRENSA

En el marco de la ceremonia por el aniversario el representante de la UNAM, el Dr. Javier Santacruz Varela, en representación del Dr. Germán Fajardo Dolci, director de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, ofreció una reseña de la relación de la UNAM y de San Marcos, así como una semblanza de la Facultad de Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

 

A continuación el Discurso de Orden:

“La práctica médica en Latinoamérica data de hace cientos de años y su desarrollo se conoce gracias a los escritos de los antiguos médicos indígenas, así como de algunos cronistas españoles. Mucho antes de que América se mostrara a los ojos de los países del viejo continente, las culturas inca y azteca, consideradas como las “altas culturas”, no solo habían construido colosales obras  arquitectónicas que siguen impresionando hoy día por su magnificencia, sino que fueron también la cuna y origen de procedimientos quirúrgicos avanzados para su época, así como de prácticas médicas con productos naturales y plantas medicinales, que sorprendieron por su eficiencia a los médicos del viejo continente. Permítanme citar algunos ejemplos:

La medicina azteca contaba con médicos indígenas que tenían diversas especialidades curativas y se les identificaba con un nombre indígena. Teníamos al experto conocedor de las propiedades curativas de las yerbas, al sabio que usaba la palpación y el masaje. Al médico chupador que extraía la enfermedad, al que curaba los ojos, al acomodador de huevos, así como al que curaba las mordeduras de animales ponzoñosos. La rica variedad de plantas medicinales y de nuestra medicina fueron exportadas a Europa gracias a los escritos de Martín de la Cruz, un médico natural de Xochimilco, que fueron traducidos del náhuatl al latín por el médico Juan Badiano, en un documento conocido como “Códice Badiano”.

Por otra parte, los aportes médicos de la cultura incaica son conocidos gracias a cronistas como el Inca Garcilaso de la Vega y al cronista español Blas Valera, quienes de manera detallada describen la aplicación de conocimientos autóctonos para curar las enfermedades. Los Incas alcanzaron conocimientos avanzados de anatomía debido al cuidadoso estudio del cuerpo humano y al sacrificio de animales que se ofrendaban al “Padre Sol”, como demostración gratitud y para rogarle que conservara su salud, lograr abundancia en las cosechas y victoria en las guerras. La cirugía se aplicaba para extirpar pequeños tumores y las sangrías en los brazos se usaban regularmente para purificar el cuerpo y extraer los malos espíritus. Asimismo, establecieron leyes para regir el comportamiento de las personas que no podían trabajar y para exentar de los tributos a los ciegos, mancos, cojos y lisiados por enfermedades prolongadas, a quienes además se les proporcionaba alimentación hasta que recuperaban la salud.

De modo que la historia de la medicina en América no inicia hace 500 años con la llegada de los españoles a nuestro continente, pero sí la práctica médica que es producto del mestizaje sanguíneo y el sincretismo cultural con los pueblos originarios y especialmente con las culturas inca y azteca, que se habían desarrollado cada una en el sur y norte del Continente Americano. A partir de eso sincretismo cultural surgieron en 1551 dos universidades reconocidas por la Corono Española, en el extremo norte de nuestra América Latina, la actual Universidad Nacional Autónoma de México y en la parte sur del continente, la actual Universidad Nacional Mayor de San Marcos del Perú. Ambas recibieron inicialmente la influencia de universidades españolas de corte clerical, como la de Salamanca que este año celebra su VIII centenario.

Con la creación de la universidad surgió la posibilidad de establecer la primera cátedra de medicina para formar a los médicos en este continente, y que por ello recibió el nombre de Cátedra Prima, la que además contribuyó a fortalecer la acción del Protomedicato, que tanto en México como en Perú fue creado para regular la práctica de médicos y curanderos, así como para vigilar el uso de plantas medicinales, con el fin de proteger principalmente la salud de los españoles que habían llegado a este continente.

Las actuales Facultades de Medicina de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Nacional Autónoma de México, son herederas de la rica tradición de la medicina prehispánica y de la práctica médica surgida de la época colonial, y tal legado les obliga a continuar marcando la pauta de la educación médica en nuestros respectivos países.

Por lo antes mencionado, agradezco al Sr. Decano de la Facultad de Medicina de San Fernando, Dr. Sergio Gerardo Ronceros, haberme concedido el privilegio y honor de formular este Discurso de Orden con motivo de la conmemoración del 162 Aniversario de su fundación.

Una vez establecida la Universidad y Estudio General en la Ciudad de Lima en 1551, desde muy temprano se iniciaron los esfuerzos para formalizar la enseñanza de la medicina en el Perú, cuya partida de nacimiento se puede fijar en 1571, con la aprobación de las Constituciones del Estudio General y de Universidad de Lima.

La Constitución N° 10 establecía los requisitos para obtener el Grado de Bachiller en Medicina, la N° 19 los correspondientes para obtener el Grado de Licenciado en Medicina y los del grado de Doctor en Medicina se establecían en la Constitución N° 21. La obtención de este último grado era precedida de una fastuosa ceremonia académica y religiosa que culminaba en una comida y corrida de toros, tal como lo marcaba el tradicional ritual de la Universidad de Salamanca. Los grados académicos obtenidos en esta Universidad como en la de México, eran reconocidos y admitidos en España.

Las constituciones antes descritas dieron lugar a que se fundara la Cátedra de Medicina en setiembre de 1576, hace 442 años, que al inicio estuvo a cargo del Dr. Antonio Sánchez de Renedo, médico con gran renombre e influencia, ya que además de haber sido el primer Protomédico General del Perú, era el médico de cámara del Virrey Francisco de Toledo y Álvarez. La Cátedra Prima se dictaba en la mañana y por la tarde la Cátedra de Vísperas. En 1578 se aprobaron otras Constituciones para crear cinco Facultades: Cánones, Teología, Leyes, Artes y Medicina.

Después de los primeros intentos por formalizar los estudios de medicina en el Perú, fue en 1634 y gracias a las gestiones del Dr. Jaime Alloza y Menacho ante el Virrey Francisco de Borja y Aragón, que se oficializó la creación de las Cátedras de Prima y Vísperas en la Universidad de San Marcos. Posteriormente, se crearon dos cátedras que enriquecieron la enseñanza médica, la cátedra de Método de Galeno o Arte Curativo en 1690 y la Cátedra de Anatomía en 1711.

Los estudiantes de medicina, además de tomar estas cátedras en la universidad, realizaban prácticas en los Hospitales Mayores de Lima, como los de Santa Ana, San Andrés y San Bartolomé, lo que dio lugar al surgimiento natural de las “Escuelas Prácticas de Medicina y Cirugía”. Al final de esas prácticas y previa evaluación aprobatoria de los Alcaldes Examinadores, el graduando obtenía el título de Licenciado en Medicina que era otorgado por el Real Tribunal del Protomedicato.

La educación universitaria siguió evolucionando y después de sucesivos cambios, las Constituciones de  1735 y 1771 lograron democratizar la educación superior para que esta fuera incluyente y permitiera que cualquier individuo, independientemente de su situación económica, religión u origen étnico, pudiera ingresar a la educación universitaria, ya que en esa época tanto en México como en Perú, había voces y corrientes que pedían que no se otorgara grado alguno a los mestizos, mulatos, zambos y cuarterones.

Hacia fines del siglo XVIII y gracias al empeño de José Hipólito Unanue y Pavón, quien además de médico y profesor de anatomía, fue naturalista, meteorólogo, político y precursor de la independencia, se inició una auténtica reforma y modernización de la educación médica en Perú durante el periodo virreinal. En 1807 el Dr. Unanue presentó al Virrey José Abascal un plan para crear la nueva escuela de medicina y recomendó que dicha escuela se ubicara no en el campus de la entonces conservadora Universidad de San Marcos, sino en el hospital San Andrés de España, con el fin de modernizar la educación médica y facilitar la enseñanza de la anatomía, fisiología, cirugía y farmacia. El Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Fernando abrió sus puertas en 1811 con diez profesores, algunos de los cuales eran colegas y otros discípulos de Hipólito Unanue, así como un plan de estudios innovador y realmente revolucionario que incluí la enseñanza de las matemáticas, la psicología y la física experimental. Los alumnos deberían cursas estas materias y además, las asignaturas teóricas y prácticas de la medicina que estaban indicadas “Quadro Sinóptico” que era el equivalente a lo que hoy conocemos como mapa curricular.

En este marco de acontecimientos , la vida social, económica y política del Perú siguió evolucionando hasta lograr en 1821 su Independencia de la Corona Española, y años más tarde tiene lugar el nacimiento de la facultad de medicina de san Fernando, cuya fundación en mucho se debe al empeño de Cayetano Heredia, otro médico peruano que es su calidad de rector del colegio de la independencia, encabezó junto a un grupo de jóvenes médicos que había enviado a estudiar a Europa, un nuevo proyecto de reforma de la educación médica, que culminó el 9 de setiembre de 1856 con la creación de la facultad de medicina de san Fernando y el retorno de esta enseñanza del ámbito hospitalario, al claustro de la universidad de san marcos. La creación de esta facultad, cuyo primer rector fue el mismo Hipólito Unanue, vino a consolidar el proceso de reforma de la educación médica que había iniciado 60 años atrás Hipólito Unanue.

Desde entonces han transcurrido 162 años de constante y fructífera labor del alma máter de la  medicina peruana, y este aniversario es una buena oportunidad para recordar sucintamente a grandes profesores que impulsaron a esta facultad, además de ser la primera en el país, fuera la de mayor prestigio y el prototipo de las escuelas de medicina en el Perú.

A lo largo de su historia ha tenido grandes profesores, como los ya citados Hipólito Unanue y Cayetano Heredia, además de muchos otros como los doctores Gutiérrez Noriega, Honorio Delgado y Oscar Trelles, por citar algunos.

Por sus aulas han pasado sanmarquinos destacados, como Daniel Alcides Carrión quien fuera mártir de la medicina peruana; Alberto Bartón que fuera el descubridor de la Bartonella Bacilliformis, bacteria  responsable de la Fiebre de Oroya que produce hemólisis aguda y en algunos casos la muerte; Carlos Bazán Zender quien fuera médico pediatra y político; Germán Barrios destacado catedrático de la Universidad de Cambridge; Cosme Bueno que además de médico fue cosmógrafo; Fernando Cabieses gran médico investigador; Casimiro Ulloa notable médico escritor y político; así como Carlos Manuel Chávez, que participó en 1963 en el primer trasplante de corazón, cuatro años antes que lo realizará Christian Barnard en Sudáfrica.

Además de su papel protagónico en la educación médica, la facultad de medicina de San Fernando ha jugado un papel fundamental en la transformación política, económicas y social de la nación y participado activamente en el desarrollo de la Reglamentación General de Sanidad que fue fundamental para definir la estructura sanitaria departamental, provincia y local, así como para crear el Ministerio de Salud Pública y para dar forma al Sistema de Salud del Perú.

Su fortaleza académica le ha permitido hacer frente y superar momento s traumáticos, como aquel de 1961 en el que más de 400 profesores renunciaron y abandonaron la facultad por estar en desacuerdo con la implementación del “tercio estudiantil”, que fuera considerado por el decano y los profesores incompatible con los requisitos que exigía la educación médica. Esa dramática masiva renuncia de profesores dio origen a la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

 Hoy estamos celebrando, a 162 años de su fundación, un aniversario más de su vida académica, y es momento propicio para renovar el compromiso que tenemos los educadores universitarios, para impulsar y promover innovaciones que modernicen la educación médica y que esta contribuya a modernizar los servicios de salud, para que tanto la educación médica como los servicios de salud, respondan al compromiso social de lograr el acceso universal para todas las personas, en todo momento y todo lugar así como promover comportamientos en la población que contribuyan a una vida sana ya que esta no solo aumenta esperanza de vida sino que brinda la oportunidad de un mayor número de años saludables.

La Facultad de Medicina de San Fernando está consciente de este compromiso y hoy se encuentra en un proceso de renovación curricular, buscando caminos novedosos métodos y estrategias innovadoras que le permitan continuar la noble tarea de formar profesionales de la salud.”

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